Primero entender el proceso. Después automatizarlo.

Documentamos cómo funciona hoy tu operación con datos reales: volumen, tiempo por tarea y excepciones. Solo entonces decidimos qué conviene automatizar.

Las herramientas para automatizar tu negocio ya existen. Lo que falta casi siempre es que alguien haya escrito cómo funciona.

Automatizar un proceso exige saber qué pasa exactamente, cuántas veces al mes, quién lo hace y qué ocurre cuando algo sale mal. En la mayoría de las empresas eso no está escrito en ninguna parte: vive en la cabeza de la persona que lleva quince años haciéndolo.

Por eso el trabajo no empieza conectando herramientas. Empieza levantando el proceso tal como es hoy, con sus excepciones y sus parches incluidos, porque son justo las excepciones las que rompen una automatización mal hecha.

Y a veces ese levantamiento termina en que no vale la pena automatizarlo. Esa también es una respuesta útil, y la damos.

El entregable

Un documento en tres partes

No es un informe de consultoría de cien páginas. Son las tres preguntas que hay que responder antes de tocar nada, en notación BPMN, que es el estándar ISO para procesos.

Qué pasa hoy

El proceso actual, medido: cuántas veces ocurre, cuánto tiempo lleva cada vez, qué aplicaciones se tocan, qué reglas se aplican y qué excepciones aparecen. Con números, no con impresiones.

Lo aprueba quien lleva el proceso

Qué pasaría después

El proceso propuesto, con quién ejecuta cada paso: la máquina, una persona, o una persona solo cuando hay excepción. Incluye la lista explícita de lo que queda fuera.

Esta es la parte que se firma

Cómo está construido

La especificación técnica: qué hace cada nodo, dónde viven las credenciales, qué pasa cuando el sistema falla y cómo se reintenta. Es tuya, y es lo que evita que dependas de nosotros para siempre.

Queda en tus manos

Ejemplo, no un cliente

Cómo se ve esto en la práctica

Una distribuidora recibe facturas de proveedor por correo. Una persona abre cada PDF y copia los datos al ERP a mano. Cuando el monto no cuadra con la orden de compra, lo resuelve preguntando. Nadie lo escribió nunca.

El levantamiento mide cuántas facturas entran, cuánto tiempo toma cada una y qué casos se salen de lo normal: un PDF escaneado sin texto, un proveedor sin orden de compra previa, una factura repetida. Ahí ya se ve qué parte es mecánica y qué parte exige criterio.

Lo que se propone después no es sustituir a esa persona. Es que el sistema haga la parte mecánica y la avise solo cuando aparece una excepción, que es cuando su criterio vale algo.

Este ejemplo es ilustrativo. Cuando haya trabajo real que enseñar, estará aquí con permiso del cliente y con sus números, no con los nuestros.

Qué no hacemos

No prometemos sustituir a tu equipo

En una empresa pequeña, buena parte de lo que la hace valiosa son las relaciones que tiene su gente. Vaciarla de personas destruye justo eso.

No damos cifras de ahorro por adelantado

Los ahorros reales llegan despacio y dependen de tu proceso. Cualquiera que te dé un porcentaje antes de mirarlo se lo está inventando.

No automatizamos lo que no conviene

Si el proceso cambia cada mes, ocurre tres veces al año o nadie sabe explicarlo, lo honesto es decirlo y no cobrarte por eso.

No te dejamos atado

Te entregamos la especificación técnica completa. Si mañana quieres que otra persona lo mantenga, tiene con qué.

Retrato de Daniel Garzón
Daniel Garzón Lleva Reluvon AI y explica en abierto lo mismo que aplica aquí. Puedes juzgar cómo pensamos antes de escribirnos: está todo publicado en danielgarzonai.com.

¿Qué haces hoy a mano más de una vez al día?

Cuéntanoslo en dos frases. Te decimos si tiene sentido mirarlo, y si no lo tiene, también.

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